Skye Roan, escritora de romantasy sensual

Aviso: contiene spoilers de los libros anteriores.

Capítulo 1

Voy corriendo hacia el árbol del jardín donde está él.

—Maldita sea —grito mientras mis piernas vuelan por el extenso prado que rodea la casa del alfa. Una corriente de aire pasa a mi lado y las cuatro patas arrancan el césped debido a la velocidad que lleva. Maddox en forma de lobo es más rápido que yo.

Lo veo saltar y cogerlo al vuelo. Mi magia evita que el golpe en el suelo sea mayor. Llego, con la respiración agitada y cabreada a nivel dios.

El alfa está en el suelo, ya desnudo, abrazando a nuestro hijo.

—¿Pero qué pensabas? ¿A qué viene eso, Coren?

—Tranquila, Raven. Ha sido un error, ¿verdad?

Los ojos castaños del niño miran a su padre con seriedad, a mí con enfado. Su rostro enfurruñado cambia a una pequeña sonrisa cuando se acercan corriendo Cicely y Dylan. La niña tiende la mano a su hermano y este se baja de encima de su padre. Los veo alejarse y miro a Maddox, que se levanta, con su imponente físico.

—¿De verdad? ¿No vas a decirle nada?

—Luego hablaré con él. Lo ha debido hacer por algo.

—Yo hablaré con él entonces.

Camino deprisa hacia los niños que vuelven a la casa. Joder, tiene seis años, ¿qué narices hacía tirándose del árbol? ¿Qué intentaba probar?

Los alcanzo y los tres me miran fieros, cogidos de la mano. Coren es un poco más alto y tiene el cabello negro revuelto. Cicely y Dylan son más claros de cabello y piel. Los tres están esperando.

—Coren, vamos a hablar.

Ellos se niegan a soltarlo, pero él les dice que todo estará bien. ¿Será posible?

Lo tomo del hombro y caminamos hacia un banco del jardín mientras Maddox, que ya vuelve, se lleva a los gemelos dentro.

Nos sentamos y yo respiro, procuro calmarme. Él mira al infinito y ¡joder! Es tan pequeño. Lo quiero abrazar y a la vez…

—¿Por qué te lanzaste de un árbol tan alto? Podrías haberte hecho mucho daño. Pensé que eras más razonable.

Él se gira y me mira con un atisbo de dolor en la mirada. Luego, suspira.

—Escuché que… Dylan dijo… que sintió miedo. Cuando…

Entonces lo comprendo todo. Mierda. Los gemelos se convirtieron por primera vez en lobos hace dos meses. Fue una fiesta increíble. Pero Coren no lo hizo.

—¿Querías comprobar si pasando miedo te convertirías? ¿Y no pensaste en que si caías al suelo podrías romperte los huesos o peor?

Él baja el precioso y redondeado rostro y no puedo evitar abrazarlo. Mi corazón late apresurado, porque si he pasado por miles de putas cosas horribles, que le pase algo a mi hijo es con ganas, la peor.

—En tu caso, Coren, aunque tengas las marcas del alfa, no sabemos cómo te vas a desarrollar. Debes tener paciencia.

Me mira, molesto y veo en él mi terquedad. Suspiro y siento que Maddox nos está mirando desde la ventana.

—Escucha, hijo. No sabemos cómo puede reaccionar tu cuerpo y hacer estas estupideces lo único que hará es que a tu padre le dé un infarto.

Me mira asustado y sé que soy una cabrona por meterle miedo.

—Lo siento, mamá.

—Pero fue alucinante cómo te recogió, eso tengo que reconocerlo.

Coren sonríe un poquito y se cuelga de mi cuello. Nos levantamos y vamos hacia casa. Cuando entramos, los gemelos están esperándolo. Se baja y va junto a ellos. Los miro a los tres muy seria.

—Poneros en peligro por vuestra cuenta no ayuda para nada. Cada uno tiene su ritmo y esta estupidez solo podría costarte la vida.

—Yo quería pararlo —dice Cicely con lágrimas en los ojos—, pero dijo que saldría bien.

—Hay muchos lobos que tardan en transformarse —dice Maddox ya vestido—, algunos incluso hasta la adolescencia. Y tirarse desde un árbol no acelera el proceso, solo rompe huesos. Prométeme que no lo vas a volver a hacer, ni esto, ni nada. Promesa de lobo.

Extiende su mano y Coren la pone encima. Verlos a los dos hace que se me encoja el corazón. Cicely y Dylan ponen también su mano.

—No lo haremos ninguno, palabra de lobo —dice ella.

—A vuestra habitación, ya hablaremos de todo esto.

Se van los tres, de la mano y Maddox me abraza.

—Me van a salir canas con estos niños.

—Sigues estando muy en forma, alfa —digo y cuando él me besa, suena mi móvil. Joder, es domingo.

Me aparto, sin ganas y lo miro. Es cachorrito.

—Tengo que irme.

—Raven…

Me encojo de hombros y subo a cambiarme. Cuánto ha pasado en estos cinco años. Y sí, vinimos a vivir con Maddox y los gemelos nada más que nació Coren. Al principio, pensé que iba a estresarme mucho vivir con el alfa, porque él siempre ha sido demasiado protector, pero ha entendido que la única manera de que yo siga a su lado es dándome toda la libertad. Y he de reconocer que, sin su ayuda, me hubiera costado mucho más hacerme con Coren.

Me cambio y los escucho cuchichear en su habitación. Son muy distintos. Dylan es tranquilo y paciente, es un cerebrito que sopesa cada paso que da. Cicely es más impulsiva, casi temeraria, aunque se preocupa demasiado de sus hermanos, y Coren… es impredecible. Tiene algunas ideas que dan miedo y como mi padre me dijo, hay cierta oscuridad en él. No mala, no dañina, pero la hay.

Bajo ya cambiada y me despido de Maddox que me da un beso resignado. Me subo a la moto para marcharme. Un coche aparca. Kane y su esposa Einara, con su bebé de meses me miran con curiosidad.

—Trabajo.

Ellos también pudieron ser padres. Viajaron hasta Brasil y se quedaron un mes en la fuente. Ella vino embarazada. Ninguno vamos a decir nada, pero si esto continúa así, podría ser peligroso.

Arranco y me dirijo hasta el portal a Nueva York. El verano está siendo muy cálido y siento la piel acuosa, no solo por la constante neblina que rodea al Fade, sino por la humedad que llega del río. Por suerte, y no quiero joder la estadística, llevamos cinco años y medio de tranquilidad. Sigue habiendo violencia, pero ya no esos enfrentamientos.

La reina vampira acabó con los Iscariotes rebeldes y perdonó a los que le juraron lealtad. Campanilla sigue siendo reina y tiene ya dos hijas de cuatro y un año. No la suelo ver mucho, aunque un día de estos quiero ir con Coren a visitarlos. Él sigue teniendo una parte de hada, de todas formas.

Llego al portal y lo paso, moto incluida y me dirijo a la calle que me ha enviado Adam. Él está trabajando tanto en un lado como en otro, un poco, lo que hacía yo antes y que ahora… no puedo tanto. Lee sigue en su puesto, aunque la han ascendido y Drid ha resultado ser un excelente policía.

Aparco y me quito el casco. El escenario del crimen está rodeado. Parece una casa normal, ni de las más lujosas ni pobre. ¿Qué habrá pasado para que me avisen?

—Capitana Cruz —dice mi cuñado Joseph, que también está en el equipo de Adam—. Esto es grande.

Casi bufo, pero solo asiento. Llevo cinco años siendo capitana y no, no me gusta el puesto, pero sí que he aprovechado para cambiar algunas cosas. Y, desde luego, sigo en la calle.

Camino detrás de él, me dan calzas y guantes porque Vilma está ya con el escenario del crimen. Adam me da uno de sus abrazos porque se la suda que sea su capitana y lo aparto para pasar. Allí están, sobre la cama.

—Desde arriba se ve mejor, Raven —dice Adam y me subo a una silla.

Sí. Están echados sobre la cama, formando un círculo. La cabeza de ella a los pies de él y viceversa. Ella es vampira y tiene los colmillos y las garras fuera. Ni siquiera sé cómo es que no se ha hecho puré. Está vuelta hacia un chico joven lobo a mitad de transformación. Su hocico está saliendo de su cara en una horrible contorsión. Garras en las manos, ropa ligeramente abierta. Es como si los hubieran congelado en un instante. Alrededor de ellos y como un macabro homenaje hay una buena cantidad de flores y hojas verdes, rodeándolos en forma de… corazón. Horrible.

Me bajo de la silla y miro a Adam. —¿Sabes quiénes son?

—El lobo sí lo conozco, es sobrino de una loba de nuestra manada. Estudiaba aquí derecho. Ella no sé. Envié una foto a Vanessa por si alguien la reconoce. No había documentación. Pero… no está hecha papilla.

—Ya lo veo. ¿Vilma?

La vampira se acerca a mí disgustada. Sigue siendo la misma mujer rubia de mediana edad, con su pañuelo de Lucile Ball y los labios rojos apretados en una línea recta.

—No sé cómo lo han hecho, Raven, pero es imposible. Los lobos vuelven a su estado humano al morir y los vampiros, ya sabes lo que pasa, tú has acabado con alguno. Nos hacemos puré. Es como poco, inaudito. ¿Puedo llevármelos?

—Sí, ve diciéndome.

—Debo informar al alfa, si no quieres hacerlo tú —dice Adam.

—Sí, hazlo.

Camino por la habitación y Joseph me sigue. Ambos usamos magia para detectar otros rastros, pero no hay nada. Está vacío. Parece un piso de alquiler. No hay nada en la cocina, en el baño… todo está como si nadie viviera. Me asomo a la ventana. Da a una azotea y me parece ver algo. O a alguien. Hay un par de metros de altura, quizá más, pero no me corto y salgo, saltando. Escucho jurar a Joseph y llamar a Adam.

Ruedo por el suelo y voy corriendo hacia lo que sea que se esconde detrás de unas máquinas. Escucho el salto y la caída de Adam, además de su juramento, pero sigo corriendo. Esa sombra es muy rápida y salta a otra azotea. Tomo impulso, aunque hay bastante distancia, pero cuando estoy saltando, Adam me coge y pasamos a la otra limpiamente.

—No ibas a llegar, joder —protesta, pero salgo corriendo, siguiendo a quien sea. Es de día, no es un vampiro.

Cuando llegamos a la puerta por donde ha desaparecido, está cerrada con magia, por lo que pongo mi mano y hace que explote hacia atrás, sale volando y Adam se agacha, volviendo a jurar. Casi sonrío.

Bajamos corriendo las escaleras y sigo viendo esa sombra. Cuando llegamos, cuatro pisos más abajo, ya estamos en la calle. Y no hay ni rastro.

—¡Joder! Puta hostia —grito frustrada. Alguna gente que pasa cerca me mira horrorizada.

Adam me coge del brazo y estira de mí hasta meternos en un callejón.

—Tranquilízate, joder, vas a estallar. Tienes los ojos rojizos y estamos en Nueva York.

—Estoy bien —digo soltándome. Paseo por el callejón murmurando en voz baja, intentando recordar cada aspecto de esa sombra. Escucho una suave risa de mi cuñado—. ¿Qué coño te pasa ahora, Adam?

—Nada. Aparte de que te he tenido que coger para saltar un espacio entre edificios antes de que te estamparas en el suelo o que casi me cortas la cabeza haciendo explotar una puerta… nada. Supongo que nadie confiaba en que cambiaras siendo madre o… capitana.

Lo miro mal. Francamente mal. Mirada que acojona a muchos. Que los hace mearse encima. Nunca me funciona con el cachorrito. Supongo que hemos pasado demasiado juntos. Chasqueo la lengua.

—Hubiera cruzado que para eso tengo magia y lo de la puerta, tienes buenos reflejos. Pero se nos ha escapado.

—Raven, ¿qué se nos ha escapado? Yo no vi nada. Solo te seguí.

—¿No viste esa sombra?

—No. Puede que tú… seas capaz de ver cosas que yo no.

—¡Raven! ¡Joder!

Maddox llega, sudando y con el cabello revuelto y se lanza a mis brazos, y desaparezco en su cuerpo. Adam suelta una risa y se marcha. Aparto al alfa.

—Ya vale, hombre. Estoy bien.

—Me han dicho que saltaste… joder, eres capitana y…

—Seguiré haciendo mi trabajo. Volvamos al escenario. Es desagradable.

—Mi hermano me dijo quién era. Pobre chico.

Me ha cogido de la cintura, pero conforme nos acercamos de nuevo al piso, me suelto. Una cosa es que todos hayan aceptado que el alfa y yo estemos juntos, o al menos lo disimulen. Otra es que vayamos cogiditos de la mano. Como si yo necesitara que un tipo de casi dos metros de altura y anchos hombros me protegiera. De pensar en eso me excito y él se gira al instante hacia mí. La comisura de los labios sube y bufo.

Volvemos a entrar en la casa y Vilma viene a ver si estoy entera. La tengo que apartar. Ha empezado a llevarse a los chicos. Maddox le echa un vistazo a los cuerpos y asiente. Salimos a la calle. Dos furgonetas iguales que las de Nueva York pero que pertenecen a la policía del Fade se van a llevar los cadáveres. Hablo con la capitana de Lee, que anda por ahí y le explico todo. Ella asiente, pálida.

Por mucho que sepa todo, sigue produciéndole escalofríos. Le digo que la mantendré informada. Miro alrededor. Es cierto, Lee no está.

—Adam, ¿y Lee?

—Cogió algunos días libres. Rabiará por perdérselo. Creo que March no se sentía bien.

—No me habían dicho nada. Vamos a la comisaría.

—Os acompaño —dice el alfa.

Me monto en la moto y él coge su todo terreno, lleva a Adam y nos reunimos en el Fade. Hay una diferencia de unos cinco grados de temperatura, más frío en la parte sobrenatural y casi se agradece, sobre todo en pleno julio.

Cuando llegamos, la gente me saluda con respeto. Soy su capitana y tengo bastante mal genio. Entramos en mi despacho y saco una barra de cereales del cajón. Maddox me mira, pero no dice nada.

Adam entra con Vanessa. Ella me da un abrazo y otro a Maddox. Ahora parece una ejecutiva, ya que es la consejera de la reina en el Fade. Suele viajar a menudo, y es una relaciones públicas increíble.

—La chica es Francine Donaldson, vampira desde hace unos trescientos años. La conocía, aunque según creía, vivía en París. He contactado con algunos vampiros de su nido y me informarán.

—El chico se llama Kalvin McDunn, diecinueve —suspira Maddox.

—Es terrible que los hayan asesinado, pero que haya sido de esa forma me jode más. Sin duda han usado magia —digo a todos—. Veremos qué dice Vilma.

—Mi hermano me ha contado lo de Coren —dice Adam. Miro a Maddox, que se encoge de hombros.

—Está preocupado porque no ha podido transformarse, como sus hermanos —comento. Supongo que no pasa nada porque se enteren,  ellos son familia.

—¿Quieres que hable con él, Raven? Yo me transformé a los diez. Cada lobo es distinto.

—Te aprecia mucho, cachorrito. Hazlo si quieres. No podemos hacer nada más aquí, excepto buscar a las familias.

—Sus padres vienen hacia aquí —dice el alfa—, les daré la noticia.

—Les daremos —corrijo y él asiente.

—He enviado a varios agentes por el vecindario, por si alguien ha visto algo —dice Adam—, y la capitana va a mandarnos las imágenes de las cámaras de la zona.

—Se escapó por la azotea. Vi algo aunque no sé qué. Diría que no era un vampiro, porque había demasiada luz. Tal vez hable con Campanilla.

—¿Crees que es una fae? —pregunta Vanessa.

—No lo sé. Pero era rápido como una de ellas, o como un vampiro. Veloz y casi invisible. Por eso me jode tanto.

Veo que Adam mira a Maddox. Y sí, sé que él no la vio, pero yo sí. Y no son esas sombras espeluznantes que veía cuando el libro negro de magia existía. Son otras. Era alguien o algo y como me llamo Raven Cruz que lo voy a descubrir.

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Y hasta aquí puedo leer. Si te apetece seguir, te dejo enlaces.

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Y seguramente habrá un

Libro 5 y un Libro 6

¡Gracias!

 

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